Llegar a Urrao fue muy exigente y quería para la siguiente jornada descansar un poco. Así que, después de conversar con los ciclistas que encontré en el parque, tomé la decisión de llegar a Santafé de Antioquia tomando la ruta de Caicedo, que parecía más directa y sencilla. Pero hay algo que no se debe menospreciar en estas montañas y eso es que incluso en una ruta donde prime el descenso, SIEMPRE habrá subidas. Las de hoy fueron tremendas. Solo subir hasta la orilla del Páramo del sol, en Urrao, fue una prueba a la paciencia. Eso sí, siempre rodeado de unos paisajes increíbles.
En el alto ya se veía Caicedo, un pequeño pueblo ubicado en medio de la montaña y que evocaba mucho café y madera. Prometía un descenso infinito hasta la cálida Santafé de Antioquia, pero no, por alguna caprichosa razón, a la carretera le dió por subir para volver a bajar...
Después de una paliza para las piernas, vino el descenso prometido, pero claro, no podía ser perfecto. Gran parte destapado, así que tuve que bajar con cuidado para que la bici no sufriera por la constante vibración.
Finalmente una larga recta de autopista me condujo a Santafé de Antioquia. Me recibió una muy funcional biciruta y los últimos kms pude pedalear tranquilo de no tener que pensar en el tráfico.
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