Para muchos viajar en bicicleta no tiene mucho sentido, y representa mucho sufrimiento y tiempo invertido en algo que podría hacerse en moto, carro o avión en mucho menos tiempo. Para mí viajar en bicicleta es una posibilidad de meditar, conocer paisajes y culturas a un ritmo diferente, someterse a potentes tormentas y luego sentir la tibieza del sol, sentir la naturaleza con su fuerza implacable, respirar y sentir las fortalezas y debilidades del cuerpo, y de la mente. A todo aquel que quiera darse la oportunidad de hacerlo, lo invito a que se aventure sin ningún miedo...el camino provee todo lo que el viajero necesita...
Pedaleando sin cesar
lunes, 13 de septiembre de 2021
Resultados
Por fin y luego de 13 días, subir las 3 cordilleras Colombianas, cruzar los dos ríos que las separan, un total de 31 municipios, 5 departamentos, 841 km recorridos, 94 horas de pedaleo efectivo y un total de 19.5 km de elevación positiva (lo que equivaldría a subir casi dos veces y media el Everest) doy por concluida esta increíble aventura. Estuve cerca de cerrar el circuito, pero esa será otra aventura 💪🚵
Vélez(Santander) - Barbosa(Santander) - Moniquirá (Boyacá) - Santa Sofía (Boyacá) -Villa de Leyva (Boyacá)
Después de probar todas las formas posibles de recuperar la rodilla(dadas las circunstancias), decidí continuar la ruta y probar suerte.
Vélez me pareció un pueblo de temperatura muy agradable, y con gente muy amable, aunque con poco para hacer.
Me quedé en el pueblo un día, en su mayoría, con una bolsa de hielo en la rodilla, y anti inflamatorios. Probé el bocadillo veleño directamente de una de las 180 fábricas que ofrecen su famoso producto y me dediqué a descansar.
Ya iniciando la ruta, me sorprendió verme pedaleando nuevamente entre las nubes, siempre me sobrecoge la inmensidad de ver el cielo sobre la montaña.
llegando a Barbosa pinché la llanta delantera y por fin pude justificar el peso del kit de reparación. A partir de Barbosa, incluso un poco antes, ya me fue claro el porqué tanto bocadillo. El paisaje de árboles de guayaba era precioso y abundante y en el aire quedaba ese aroma a guayaba, tan encantador como el del café. Me propuse desayunar en Moniquirá y así cruzar temprano a un nuevo departamento: el mítico Boyacá, la tierra de los ciclistas. Según "la veci" que me vendió el desayuno, y cito literal: " En Boyacá se levanta una papa y sale un ciclista". El cambio cultural se siente de inmediato y se ve una tierra más enfocada a la agricultura que a la ganadería, como lo que pude conocer de Santander. El ascenso de Moniquirá a Santa Sofía fue precioso y con una elevación sostenida pero agradable. Quise entrar al museo rural de Moniquirá, pero estaba cerrado.
Quisiera compartir un pensamiento y rendir un tributo a todos esos seres, que en sus diversas formas, me acompañaron en cada vereda. Pude ver, sentir y pensar tantos perros que quedé completamente fascinado con la diversidad de formas, colores y ladridos, así como por su bondad y lealtad. Los ví siguiendo a sus amos, que se iban en Caballo, o moto, ladrando protegiendo su hogar, deambulando por los caminos, alguno incluso lo ví cuidando un gallinero, o simplemente tomando el sol en la mitad del camino. Grandes, medianos, pequeños, cachorros y viejos, negros, blancos, cafés, grises. Tan diversos como Colombia misma!
A ellos, una gratitud infinita, por devolverme un poco de vitalidad y una sonrisa, y hasta algún susto en medio de alguna persecución ocasional.
Llegué a Santa Sofía con el ánimo muy arriba, aunque con la rodilla al límite. Allí supe que éste sería el último día de aventura. Llegué sabiendo que no había forma de continuar con la rodilla así, sería propiciar una lesión más severa.
Me encantó Santa Sofía y aunque busqué el famoso fricasé de pescado, me dijeron que estaba muy temprano para servirlo, así que continué...ya habrá ocasión de probarlo.
Santa Sofía es un pueblo tomatero, y a diferencia de Guarne, en Antioquia, basa su producción casi que enteramente a invernaderos, lo que genera un particular paisaje.
Solo fue avanzar algunos kms para llegar a un paisaje completamente diferente, más árido y lleno de sorpresas.
Llegar a Villa de Leyva desde Santa Sofía es encontrar un contraste entre lo natural y lo cultural. Primero el monasterio de Ecce-homo, una pieza histórica conservada por monjes, la cual es vitrina del pueblo y atractivo turístico. Después, imponente, la mayor exposición de dinosaurios en Colombia!!
Desde ictiosaurios, hasta tortugas marinas, pasando por grandes mamíferos, ya extintos y toda clase de fósiles. Hace 130 millones de años, la costa de Colombia era Villa de Leyva y todo el occidente, hoy cerca del 40% del territorio nacional, incluidas las otras dos cordilleras, y todo lo pedaleado hasta ahora, estaba hundido en el océano. Villa de Leyva contaba con aguas poco profundas, y albergaba toda clase de vida. Es por eso que hoy tiene tanta riqueza paleontológica. También, algunos añitos después, fue el epicentro de la cultura española y muchos eventos en la independencia de Colombia, y sus calles guardan un cuidado retrato de aquellas épocas.
Llegar a la plaza de Villa de Leyva y suspirar por fin, sabiendo que sería el último pueblo por esta aventura, fue muy liberador. El dolor de la rodilla me traía al límite y llegar a sentarme a tomar un tinto fue muy tranquilizante.
Gracias a @santiago109 por la ilustración
sábado, 11 de septiembre de 2021
Cimitarra - Vélez (sí, el pueblo de los bocadillos)
El descanso en Cimitarra fue muy bien recibido por mi cuerpo. Entre el hielo, los antiinflamatorios y el sueño, pude reponerme bastante bien. Me llamó mucho la atención que el parque principal de Cimitarra llevaba el nombre de Santander, no de Bolivar, como suele ser costumbre ( @EmersonCataño también aludió al parque José María Córdova, en Concepción, Antioquia, otra excepción). Cimitarra fue muy acogedor, pero su clima sofocante y caliente me tenían aturdido. Estaba ansioso por continuar, así que inicié probando mi rodilla hasta Landázuri, un escarpado pueblo santandereano.
La rodilla iba bien, y la estrategia de subir en ventilador para evitar forzar la articulación estaba funcionando, así que decidí continuar hasta Vélez. Pero una cosa era Landázuri, 20 km y una pendiente manejable, otra eran 80 km hasta Vélez, subiendo toda la cordillera oriental y enfrentando pendientes sostenidas en altura. Decidí arriesgarme.
el paisaje cambió rápidamente y pasé nuevamente de pedalear sobre las planicies del Magdalena a las nubes de la cordillera
Llegar a lo alto de Vélez, el llamado Palo Blanco, fue un premio y una alegría increíble. Mi rodilla estaba al límite y ya ni los antiinflamatorios me disminuían el dolor. Solo me fue posible pedalear en ventilador, haciendo uso de una paciencia que no pensé dominar. La llegada a Vélez fue muy emotiva porque además concluía una meta simbólica del viaje: subir las 3 cordilleras de Colombia desde la base de los ríos principales: Cauca y Magdalena. Eso sí, lo pagué caro. Mi rodilla necesitará al menos un día más de reposo, y algo más que pastillas antiinflamatorias para continuar. Así que no queda de otra: comer bocadillo veleño y preparar una nueva ruta
Puerto Araujo - Cimitarra
Una vez pasé por puerto Berrio, el terreno cambió radicalmente. Dejé atrás la montaña y llegó el plan. Eterno. Tuve que cambiar mi ritmo y la relación de cambios en la bici, pero me costó adaptarme. Eso sí, tenía energía y decidí intentar llegar a Cimitarra, a unos 60 km de Puerto Berrío. Ya era tarde y solo logré llegar a Puerto Araujo, un pequeño cacerío en la mitad del camino. Descansé y en medio del calor del Magdalena medio, dormí. Me levanté muy temprano, y rápidamente estuve listo para continuar. El camino prometía muchos más kilómetros llanos, así que iba confíado. Puse una relación dura, de ritmo, y arranqué. Todo iba muy bien y los paisajes, inmejorables.
Hasta que sentí un agudo dolor en la rodilla...tan agudo que tuve que parar abruptamente.No me quedó de otra que esperar, estirar y después de varias consultas, parar... llegué a Cimitarra con una relación bajita, lento, muy lento y con lo que me dejaba avanzar la rodilla. Busqué un hotel, apliqué antiinflamatorios, hielo, y reposo, de acuerdo con los consejos médicos, y di por finalizado el día con apenas 30 km recorridos..
jueves, 9 de septiembre de 2021
San Roque - Cristales - Puerto Berrio - Puerto Araujo (Santander)
San Roque es un pueblo cafetero, con un clima muy agradable y gente muy amable. Pude conocer un gran café en la plaza y sobretodo escuchar sobre la cultura Arriera en San Roque.
El día siguiente, muy temprano inicié la ruta queriendo conocer un corregimiento de San Roque, Cristales, una empinada y alejada comunidad con paisajes increíbles. Ya me voy acostumbrando a los terrenos destapados, así que hoy la bici sufrió muchísimo menos.
De Cristales a Puerto Berrío hay un descenso general significativo, pero antes de bajar, hay que subir, y mucho! Justo después de Puerto Nus, y ya en pavimento, la pendiente subió dramáticamente... así son estas montañas, un poco dadas de su parecer.
Estaba muy ansioso por llegar a puerto Berrio y ver el río Magdalena, pero llegar no era simplemente descender plácidamente, no!. Todo el descenso iba acompañado de pendientes positivas que rompían psicológicamente las esperanzas de llegar. Antes, en medio de uno de los descansos, paré a comer y me encontré con la arepa de chocolo más grande que he visto en mi vida
Llegar a Puerto Berrío fue un descanso para mi mente. Ver el río, cruzar el puente y cambiar de departamento representó para mí un gran respiro, un cambio y nuevas formas.
Pese a la acumulación de kilómetros y la dificultad de algunos de ellos, me sentía muy bien y decidí continuar por Santander. Tenía un poco de presión por tener que circular por una ruta arteria de transporte de tractomulas, pero la berma, una ciclovía prácticamente, acompañó todo el camino hasta Puerto Araujo, donde decidí terminar el día.
En total 128 km y 9 horas pedaleando.
miércoles, 8 de septiembre de 2021
Concepción - Alejandría - Santo Domingo - San Roque
Para ser justos, hay que decir que quedarme en Concepción fue una decisión desesperada. El pueblo es muy bonito, y valía la pena parar, pero por un tinto, no para quedarme. Estaba muy cansado, y aún entendiendo qué le sucedía a mi cuerpo, así que busqué el único hotel abierto y dormí toda la noche. No fue muy placentero, ni recuperador, pero al menos entendí que mi cuerpo me pedía comida, descanso y unos buenos días sin hacer fuerza con la espalda. Salí temprano de Concepción luego de desayunar y con el desconsuelo de afrontar una ruta destapada hasta Alejandría. Grata fue mi sorpresa cuando descubrí que toda la ruta está pavimentada y que gran parte de ella es un descenso tranquilo, con pequeñas inclinaciones para calentar las piernas. Alejandría es un pueblo muy lindo, sobretodo para turismo ecológico. Cuenta con ríos navegables, y senderos ecológicos. Un gran plan!
Llegué, eso sí, con hambre. Desayuné nuevamente y seguí hacia Santo Domingo, con la promesa de una subida rompepiernas y un cielo oscuro...
Se puede llegar a sufrir mucho sobre una bici, especialmente cuando el cuerpo, aún medianamente entrenado, llega a niveles de agotamiento. Pero los niveles de felicidad cuando se encuentra un oasis inesperado pagan con creces cualquier sufrimiento. Mientras avanzaba por un deteriorado camino destapado, ví a lo lejos la respuesta a todos mis problemas: Termales!
No llevaba ni una hora del segundo desayuno, pero necesitaba almorzar. Así que almorcé. Es impresionante cómo mi cuerpo me pedía comida, todo se sentía extraño y hasta mi mente me llevaba por caminos extraños y perversos...hasta que llegó este plato:
Almorcé con mucha felicidad y me dispuse a relajarme y seguir el protocolo de estiramientos en el termal.
Estos Termales de roca cuentan con 3 piscinas pequeñas, pero muy acogedoras. A diferencia de los termales que conocemos en el eje cafetero, donde el agua es muy caliente y sulfatada, en este el agua es apenas tibia(30-35 grados) y no presenta sulfatos.
ya recuperado, afronté la pared que me esperaba hasta Santo Domingo, en medio de un aguacero que disfruté muchísimo, ya descansado y con energía. Llegué a Santo Domingo muy contento, y aunque cansado, tranquilo, porque ya sentía respuesta de mi cuerpo y mi mente me llevaba por caminos más transitables.
Santo Domingo es un pueblo muy apasible, de agricultura dónde priman los recursos hídricos y eso lo llevan gravado en la tierra misma!
Después inició el camino a San Roque, un camino muy abandonado, pero tranquilo, lleno de paisajes.
En total 60.5 kms y 7 horas de pedal
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